Cuando tenía diez años podía identificar
casi todas las banderas de los países del mundo; amaba la mía, la de mi país Venezuela; los niños le cantábamos el Himno Nacional todas
las mañanas, en fila, antes de entrar a
clases. Eran cosas de niños y niñas que se quedaron en el corazón y
están en la memoria colectiva, son parte de la simbología de la Patria, como el Himno, como Bolívar en Carabobo, como Ribas en la Victoria, como Campo Elías
muerto en batalla; como los cujíes de Coro y los Guayacanes de Margarita, como
el Canchuchó Florido de Luis Mariano o las muñecas de trapos de Aquiles Nazoa, como un joropo o un galerón, como el arpa de El Indio Figueredo. No
se espera que nadie comprenda esto,
menos que lo ame, sólo que lo respete.
A continuación reproduzco el comentario que le escribí:
Todas las muertes causadas por la criminalidad son muy dolorosas y nos hacen sentir impotentes, desesperados y desasistidos. Siempre esperaremos que esta situación mejore y que como ciudadanos podamos confiar en una mayor y mejor seguridad. También esperamos justicia, que se haga justicia, porque así no podamos resucitar a los muertos, nos confortará el que sus victimarios tengan el castigo merecido. Sin embargo déjeme decirle señora Rayma, que su caricatura ofende, y mucho; duele, y mucho. Es una forma de violencia la que usted practica, sin pistola, sin cuchillo, sin sacar sangre, es una herida directa al alma, y nadie la para, ni la detiene. Es una forma de malandrismo comunicacional, permitido, amparado y promovido; tampoco es justo y la Justicia es la Paz.
Uncas respondió a la afrenta de esta bella manera:
Tanto Zapata, como Weil se unieron en el ataque mediático a través de sus caricatura, Jean Maninat escribió una opinión el 23 de marzo 2012, en El Universal titulada ;Cómo Atrapar una Alondra. Así le comentamos:
Maninat, los conmueve y alaba; los quiere reforzar. Nos detracta y minimiza, nos quiere
callar. Los pone como bellas alondras, ángeles voladores; los quiere
ensalzar. Nos pone a todos de un solo
género, y con una sola mala visión, nos
quiere homogeneizar. Pero la realidad no es así, y si ellos tienen derecho a proponer sus colores y larguísimos
diálogos, que engordan a la alondra y le impide volar, que les facilita ser
mordaces contra la gente, esa misma gente que tienen catalogada y precintada;
nosotros siempre tendremos el derecho de reclamar, porque son nuevos tiempos en los cuales hay que
comprender que TODOS somos seres humanos que merecemos respeto, TODOS tenemos
una alondra en el alma y un soplo vital en los labios. El caricaturista hace
reír o morir pero es responsable, si muestra saña inducida, es muy malo; pero
si le sale de su corazón es peor.
Creemos, que el caricaturista es un artista que busca la
verdad con un lápiz y un papel, demuéstrenlo.


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