El Universal* reseñó
una noticia según la cual un afamado cantante venezolano hizo la siguiente
declaración: "El que se meta de lleno en el consumo y
tráfico de drogas está mal. Cualquier artista puede ser contratado por un
cartel. El que lo tome como anormal está fuera de contexto. Que levante la mano
el que no lo haya hecho. El objetivo es deleitar con la música" Los comentarios
no se hicieron esperar, reacciones interesantes
de los lectores sobre las declaraciones del cantante, todo lo cual es
apropiado para un análisis de la sociedad en la cual vivimos.
Para el cantante autor de la cita, lo malo está en consumir y o traficar
“de lleno”; es decir lo malo está en lo que otros puedan hacer con la
sustancia: consumir y traficar. Lo que él hace con uno de los producto de ese
traficar y de ese consumir, que es ganarse los billetes verdes, eso no está
mal. Él deleita con la música, está en el contexto; y sabe tanto que increpa a
otros del mundo artístico para que digan que no lo han hecho, punto.
El que te contrate un Cartel es igual a que te contrate Carnegie Hall. Tal vez uno pague más que otro
y otro de prestigio, pero todo es igual.
Se va a deleitar sin importarle de dónde vienen los verdes. El prestigio le importa mucho, digo yo; lo interesante es que ni piensa, que sea un desprestigio el cantar
para un Cartel, porque él está blindado: según él, vive en el contexto y todos
lo hacen.
Nos guste o no esas son las declaraciones del cantante, nos guste o no
el cantante. Supongo que para los que les
gusta y lo han seguido, y se han
deleitado con su canto, esas declaraciones tienen un impacto definitivo, esto
puede ser revisado en los múltiples comentarios documentados. Cómo explicar
esas declaraciones, cómo entenderlas en su profunda crudeza, sin entrar a
consideraciones de orden sentimental o de agresión personal.
Ludovico Silva creó y manejó un concepto importante que nos serviría
para estudiar este fenómeno que actualmente, podemos ver, está ampliamente difundido entre políticos,
cantantes y gente que en algún momento consideramos de relevancia en el mundo social y cultural. El concepto siempre me pareció brillante, pero
nunca conseguía cómo ni donde aplicarlo de manera práctica real y no figurada.
Ahora con estas declaraciones conocemos un ejemplo criollo vivo y palpable.
El dinero lo gana el cantante, en
el caso que nos ocupa, en buena lid: haciendo lo que sabe hacer. Si el dinero
está manchado o lavado, ese no es su problema, él no lo roba, lo gana con su
fuerza de trabajo, obtiene con su canto, la mercancía dinero que sobra en esas
manos sucias del narco dinero y que llega a sus manos de cantante impoluto,
trabajador, haciendo lo que sabe hacer y “creciéndose” cada vez que lo hace.
Para el cantante no es relevante que algún dinero que gane provenga de los que trafican y consumen,
a los cuales le sacan hasta la propia vida. Él declara que eso es así porque se
metieron “de lleno”, y eso es lo malo: meterse de lleno; no ve que el dinero
viene a sus manos por eso que él mismo calificó como malo: meterse de lleno,
con esa afirmación está blindado en sus razonamientos falaces.
Dice Ludovico que así como la industria capitalista de bienes materiales
saca del obrero la plusvalía material, la industria cultural capitalista saca
de sus creadores que la apoyan, Plusvalía Ideológica.
La cultura es una industria, el
espectáculo es una industria. La propaganda y la publicidad son una industria.
La industria ideológica esclaviza al ser humano en cuanto ser humano, lo
explota en su Conciencia, es decir en aquello que es más que suyo, y lo hace
colocando en esa conciencia la ideología del capitalismo, le trasmuta su propia
conciencia por algo ajeno a ese hombre o
mujer.
El trabajo, de ese hombre o esa mujer podrá ser actuar o cantar; mas en
la medida que exista una adhesión al capitalismo- ya sea por reconocer que su
trabajo es una mercancía que tiene valor de cambio, o aceptar que ese valor de cambio puede provenir de
dineros mal habidos- en esa misma medida hay un excedente de su trabajo
espiritual que deja de pertenecerle, se
lo apropia el capital en la forma de capital ideológico del capitalismo. De
esta cruel y perversa manera se preservan las relaciones materiales de producir
“cultura” y pagar por ella.
Cada hombre y mujer que trabaja de esa manera en esta industria protege
esa ideología desde su mismo interior alienado como persona. Por eso no le es
relevante, a quien haya caído en este mundo alienado y alienante, que su paga
esté manchada. Por eso cada persona en este mundo alienado y alienante cuidará
y tratará de preservar esa ideología desde su alma y corazón, ya sea cerrando
los ojos ante la realidad, metafórica o literalmente, inculpando a otros de lo
mismo y buscando decir que por eso no hay mácula. Aquí no se comprende que mal
de muchos consuelos de tontos, porque de principio no se acepta el que tamaña
impostura sea un mal.
No pretendo con mis razonamientos disculpar ni compartir la posición de
este cantante. Quiero hacer comprender la magnitud de la tragedia del hombre
actual en la industria cultural: enajena su trabajo y realiza su valor de
cambio. Compra su seguridad
mediante venta de fuerza espiritual de
trabajo, vende su conciencia. No podemos pedirle conciencia a quien la enajenó;
pidámosle otra cosa, tal vez que cante que actúe.
Después de esta desafortunada declaración que refleja una vida real, ya muchos no podrán ser deleitados, por ese objetivo de deleitar a
todos sin distinción y sin fronteras como dice ese cantante. Dios lo ilumine.

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