martes, 24 de febrero de 2015

NUESTRA UNIVERSIDAD NACIONAL ABIERTA









El 7 de marzo de 2006, nos reunimos  para celebrar la toma de posesión de las nuevas autoridades electas de la Universidad Nacional Abierta; para aquella época, distante a nueve años, esto fue lo que expresamos, es oportuno publicarlo porque en estas pocas páginas se recrea un modelo de Universidad que sigue buscándose y que necesitamos definir.

En esta oportunidad nos regocijamos una vez más de nuestra condición de Universidad Experimental Democrática. Un profesorado, ahora fortalecido y robusto dada la política de convocatoria a los concursos y a la transparencia en su realización  así como al impulso brindado para la presentación de trabajos de ascenso sin riesgo personal, ha participado en un proceso eleccionario vigoroso, con muchos candidatos llenos de esperanzas e ideas sobre su universidad.
Felicito con toda sinceridad a los cuatro  profesores electos, ellos  asumen hoy la dirección, con beneplácito y humildad, ellos conocen y disponen de  la fortaleza y la decisión para enfrentar el reto que tienen   por delante en donde  sólo hay trabajo por hacer, problemas que solucionar, decisiones difíciles de tomar,  que se harán llevaderas si tienen la bendición de contar con personas capaces y conocedoras y que a la vez tengan el ánimo de comportarse como seres humanos solidarios y confiables, Dios los proteja.

Nada fácil lo que se debe enfrentar, nunca lo ha sido. Pero en estos momentos, la sociedad venezolana espera de sus universidades, eficientes respuestas, pertinentes soluciones, mayor participación en las decisiones, hacer dialogal el proceso de comunicación; motivo por el cual la forma de trabajo influirá definitivamente en el alcance de los objetivos y metas.

Ya no se trata nunca más de lograr sino de  qué y cómo se logra. Un país como el nuestro en el cual un 42 % de la población pertenece al estrato 5 y del mismo sólo un 8 % ingresa a la universidad, no puede continuar teniendo instituciones  aisladas y encerradas en sus propios claustros, incluso la palabra claustro pasa a ser un anacronismo que deberíamos desterrar de nuestro vocabulario, leyes y reglamentos, porque el trabajo académico debe probar su valor no en sus propios términos, sino en el servicio a la nación. Especialmente una universidad como la nuestra: nacida con verdadera vocación social, diseñada para tal fin y estratégicamente sembrada en toda Venezuela, a través de Centros Locales, oficinas de apoyo y centros de aplicación de pruebas.

Uno de nuestros originarios lemas como Universidad, proponía al país que la UNA era una alternativa diferente en Educación Superior. Una interpretación reduccionista de esta propuesta logró que se modificara alternativa diferente por modalidad  diferente,  bajo una explicación lingüística señalaba que la expresión:     -alternativa diferente-  era una redundancia. En realidad para muchos de nosotros, nacidos en este sistema y conocedores de su origen y sentido, sabíamos que  no se trataba de tal cosa, sino de un razonado pleonasmo, con el cual podíamos inspirarnos para ciertamente pensarla diferente y hacerla diferente. En otros momentos y escenarios hemos señalado que la búsqueda de legitimidad de una universidad como la UNA será siempre una cuestión de actualidad puesto que las fuerzas conservadoras, el desconocimiento y la opinión común y generalizada siempre actuarán como restricción para impedir marcar la  diferencia en esa alternativa diferente.

Hago esta reflexión en este momento no sólo por la importancia que tiene, sino tratando de atraer a esta concurrencia especializada para plantear un tema que llenará nuestros espacios a futuro. La labor académica dentro de nuestra universidad debería marcar la pauta de nuestra diferencia y al parecer las tendencias en todas las universidades, incluida la nuestra son más imitativas que distintivas. Por lo tanto me pregunto, es posible lograr tener, dentro de nuestro país, distintas maneras de concebir, realizar y evaluar el trabajo académico o debemos continuar queriendo o fingiendo parecernos sin  lograrlo.

El criterio de peso, mérito y  calidad,  respaldado por una tesis germana antigua y obsoleta, esgrime con el poder de convicción propio de toda idea que se plantea como superior, que el académico debe ser investigador, y para apoyar este criterio en los ámbitos criollos se amenaza con catalogar como liceos grandes a las universidades diferentes  que no lo respalden o que no finjan respaldarlo, ninguna lo hace.
La mayoría de los profesores seguramente no se sienten cómodos ante esta realidad, especialmente la masa de los mismos que a pesar de llevar a cabo labores de investigación integración y síntesis importantes para la debida realización de su labor docente, sin embargo no publican en revistas nacionales que han sido, con esfuerzo y recursos, reconocidas como  arbitradas, y mucho menos en las prestigiosas revistas extranjeras, lo cual constituye la única forma para estar de acuerdo con el rasero con el cual  se ha impuesto la medición del   trabajo académico meritorio según la posición señalada.
El efecto que este hecho tiene  sobre el cuerpo profesoral  es de desmoralización y esto crea por lo tanto una correspondencia en  el estudiantado. Por delante tenemos un reto importante, el cual es brindar un mejor servicio a nuestro país para lo cual necesitamos conceptualizar la labor académica y por ende universitaria de manera que podamos ofrecer respuestas más pertinentes a nuestras urgentes realidades tanto de país como de nuestra universidad, internamente.

Toda institución universitaria busca la formación de ciudadanos responsables y éticos, profesionales creativos y críticos, desarrollar la investigación; crear un espacio para la reflexión y preservar y fomentar la cultura.
Nuestra propia institución está llamada a cumplir esa función, sí, pero dentro de su propia realidad y sus propias circunstancias. Nuestro problema crucial, por encima de todas las trabas de funcionamiento y todo lo que debemos retomar, inventar y perfeccionar es la respuesta a una pregunta siempre presente: ¿cómo formar un espíritu para lograr no sólo un buen profesional, sino un ciudadano, un ser humano que habiendo internalizado que debe vivir en interdependencia, pueda practicar que el objetivo de la vida es el bien común?  Para nosotros como institución para las masas y a distancia este es un problema que debe ser planteado una y otra vez y que debe ser atacado cada día.

En los últimos meses hemos revisado este tema dentro de las discusiones sobre la Misión Sucre y nos hemos preguntado por el cómo promover en los profesores y estudiantes, así como el resto del personal, dentro del ambiente universitario, cómo fortalecer, recrear y fundamentar la ciudadanía. En una sociedad cada vez más compleja, una democracia que dejó de significar sólo el derecho a votar y en dónde la participación no sólo tiene que ser definida sino ejercida con toda propiedad; en un mundo cultural diverso en el cual los diferentes actores tienen un protagonismo nunca antes visto,  en un país en el cual se ha puesto sobre el tapete, entre otros, la igualdad entre los géneros, los derechos de los pueblos indígenas, el problema de la comunicación, el derecho a la salud, a la educación, al hábitat digna;  en una América Latina en busca de integración y en un Mundo cada vez más interdependiente; las personas en formación y los formadores necesitan adquirir formas y desarrollar estrategias   para tomar decisiones responsables, razonadas e inteligentes sobre la sociedad y la comunidad en la cual se desenvuelven. Necesitan también sobre la base de un conocimiento certero sobre su país y los problemas que éste confronta, participar en las soluciones que a sus niveles y con sus herramientas puedan significar un  aporte en el presente y un compromiso en el futuro.

Las maneras, formas y estrategias cívicas no son recetas que se extraen de un manual o que se acumulan en una asignatura. La forma científica de promoverlas es a través del estudio integrado e interdisciplinario de las ciencias sociales y las humanidades y el desarrollo de competencias sociales para el planteamiento de problemas y la capacidad de integración con las comunidades cercanas a los jóvenes, a la gente que quiere educarse.

En los países desarrollados se plantea, en relación a estas ideas, una serie de reflexiones que están actualmente sobre el tapete, así por ejemplo, el presidente de una prestigiosa universidad norteamericana se preguntaba recientemente cómo ayudaría la universidad para que las personas piensen con más claridad, sean seres humanos más morales, encuentren una vocación satisfactoria en la vida o adquieran valores que los ayuden a tomar decisiones inteligentes, él mismo contestaba que la Universidad necesita prestar más atención a la calidad de la educación que imparte en el pregrado. De la misma manera, y con mayor pertinencia en el caso de universidades a distancia se argumenta sobre las prioridades de las instituciones de educación a distancia y la importancia respectiva de la enseñanza y la investigación. Se señala la diferencia entre un modelo  clásico de universidad y una institución a distancia dedicada fundamentalmente a la enseñanza y transmisión del conocimiento, pero comprometida también con el desarrollo cívico.

Simón Rodríguez en su ideario afirmó que la Escuela Social, que debía ser general, ayudaba a construir   “un común sentir de lo que conviene a todos¨  lo cual necesariamente  debía hacerse porque el no conocer o sentir, o dejar de  tener un bien común o un común sentir 
¨ es una fatalidad ¨.
Afirmaba Rodríguez que  la educación social pedía de todo mucho;  un dominio de saberes que es la única manera de fundar la República. Expresaba que  la única forma de que el hombre fuese parte de la Sociedad Republicana era a través de la participación  social y la crítica; “Criticar es juzgar con rectitud ¨ expresaba Rodríguez  y  tajantemente afirmo:
¨ Hagan los Directores de las Repúblicas lo que quieran; mientras no emprendan la obra de la Educación Social, no verán los resultados que esperan ¨  

Veamos así que lo que se trata de perfilar en un  contexto nacional que discute nuevas  formas de llevar educación superior de calidad a todos, es la necesidad de enseñar el valor del razonamiento y la crítica para juzgar con rectitud por el bien común, como ciudadanos de una república democrática, para de esa manera formar seres humanos con competencias cívicas que impregnen las nuevas instituciones que el país necesita  y fundamenten la capacidad para aprender a gobernarnos.

Lo primero que necesitamos resolver es la forma  cómo los estudiantes se compenetren con la comunidad, para conocer y relacionarse con los diferentes factores que soportan y contribuyen con la realización del bien común, el civismo y la convivencia propia del sistema democrático Los estudiantes deben comprender, de manera temprana, que el mundo es uno sólo y que todo lo que le afecte nos afecta, de forma tal que para ello necesitamos como instituciones, trastocar el sistema de valores imperantes en el cual el individualismo y el bien propio ocupan el papel preponderante. La educación en este aspecto hará énfasis en la importancia del bien para todos en lugar de para sí mismo y en esa medida  se comenzarán a valorarse otras prioridades más importantes para el desarrollo de la sociedad democrática. La enseñanza contribuirá a que cada individuo a la luz de su propia experiencia y contexto personal, reconozca la realidad que comparte como miembro de una familia, del sistema educativo, de la comunidad y de los grupos en los cuales participa. Para ello se necesitará, entre otros aspectos, que el esfuerzo educativo se concentre en proporcionar a los estudiantes - en el marco de referencia de las responsabilidades cívicas - el bien común, la solidaridad y las libertades expresadas en la Constitución  y que son propias de un sistema democrático; proporcionarles la oportunidad de construir una perspectiva personal responsable, y a la vez  académica, que se afirma en los conceptos del respeto a la diversidad y a las diferencias, de consideración hacia el resto de la humanidad, hacia el ambiente, hacia el fomento de una cultura de paz.

Estos principios no se ponen en materias de un currículo para después pedir su definición en la evaluación. Estos principios son aprehendidos del ambiente en donde la gente se desarrolla, proporcionan a todos el mismo norte,  y pasan a ser algo interior. Creemos que este planteamiento es un verdadero reto con el cual la institución universitaria debe comenzar a trabajar, puesto que se necesita operar cambios en cada uno de nosotros: no podemos dar lo que no tenemos.
Lo peculiar de este momento histórico es que las fuentes de identidad han desaparecido y por lo tanto esta identidad debe ser construida. Se puede formar una universidad diferente, yo les invito a explorar esa diferencia para poner al servicio de la sociedad todas nuestras posibilidades, especialmente en el campo que a todos nos compete como es el de la educación. Son muchas las cosas que podemos hacer, novedosas y distintas, y al contrario de otras instituciones, podemos multiplicar nuestros planteamientos a través de todo el territorio nacional, para poner en manos de estudiantes y comunidades un poder que sólo lo da el conocimiento. Y nada de esto puede llevarse a cabo sin contar con un profesorado convencido de su legitimidad e identidad, para lo cual debemos  redefinir la docencia, la investigación y la extensión para de esa manera reflejar con actualidad y pertinencia los deberes académicos y cívicos de una alternativa diferente en Educación Superior.
En una sociedad como la nuestra con grandes carencias de educación y profundas distorsiones sociales, debemos formar  seres humanos  antes que profesionales que deben reconocer que el  poder liberador que les brindará su título universitario no se ejerce asumiendo las formas externas para encajar en el status quo, este poder liberador se ejerce  aprendiendo que puede ser utilizado para cambiar la realidad que les rodea. La sociedad actual demanda una  actitud  de solidaridad para ejercer la responsabilidad de construir lo que nos falta por construir, que es mucho.  

De la misma forma nosotros en la UNA debemos continuar enfrentando las limitaciones que el contexto nacional e internacional presenta y buscar las salidas para ofrecer a esta país una educación de calidad y con pertinencia social, en la cual se tenga un espacio en donde todo ciudadano pueda acceder a su formación y actualización y se rompa así con el concepto de Universidad como privilegio de los ya privilegiados; como elitización de las élites ya establecidas. Este ha sido nuestro compromiso y lo continuará siendo ahora con más razón y derecho como alternativa diferente.


Este momento podría interpretarse como una despedida, pero no lo es. Las despedidas siempre me han parecido tristes y no quiero entristecer a nadie. Los agradecimientos siempre son bienvenidos, especialmente en una sociedad que se olvida de ofrecerlos.
Pensé en presentar una lista de reconocimientos, resultó ser muy pero muy larga. Nunca escatimé expresiones con las cuales pudiese comunicar mi profundo agradecimiento a todos los que estuvieron con nosotros. Nunca deje de saludar con regocijo cada nuevo día en el cual les veía trabajar, estar presentes, solucionar, ayudar a vivir  y permitir vivir, porque todo requiere un gran trabajo una gran dedicación y una buena cantidad de amor. Los logros se multiplican cuando reconocemos a los que luchan con perseverancia. 
Gracias a Dios por la bendición de haber contado con personas conocedoras, generosas y solidarias, ellas saben quiénes son. Muchas están allí sentadas, muchas otras ausentes, otras se fueron para siempre.
A los que no fueron ni solidarios ni colaboradores, a aquellos que decidieron en su libre albedrío dificultar y hacer más compleja una realidad complicada, a ellos les alerto que tratando de salir de sus laberintos y tretas  se crece, y crecí más de lo que hubiese esperado en este tiempo de mi existencia.

Agradezco en este momento;  a todos los que han creído, creen o están dispuestos a creer en esta nuestra Universidad, a los que están convencidos de que sólo a través del trabajo tesonero y constante lograremos cada vez más eficientemente activar la vocación social implícita de este sistema y ofrecer así una solución de inclusión y equidad social con calidad y pertinencia. 
Buenas Noches y Muchas gracias.


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