El capitalismo lo
es desde que apareció sobre la faz de la tierra. Perfecciona sus formas y
utiliza a la cabalidad los recursos del momento, pero es inocente creer que
antes era una cosa y ahora otra, los que cambiamos de percepción somos los
seres humanos según nuestra conciencia.
Satisfactoriamente en este país ha habido una toma de conciencia colectiva
gracias al proceso revolucionario, lo cual establece una diferencia de
percepción en los procesos sociales, una nueva forma de ver, una nueva de forma
de análisis. Eso es desde el punto de vista social y político.
Si vemos el lado psicológico individual de la percepción, podemos
distinguir que a medida que pasa la edad las personas, los individuos ven su
vida hacia atrás como reificada, como mejor, como única. Este aspecto puede ser
constatado en esos cuentos de: en mi época…;
cuando era joven…
En una alocución de Chávez él expresó “Hay que leer” y creo firmemente en
eso, hay que leer especialmente para aquellas personas que necesitan analizar
el actual momento que vive el país y el mundo. No se puede hacer análisis
recurriendo a anécdotas personales o a percepciones individuales, el proceso revolucionario necesita que cada
gota de tinta, de grafito o de bytes esté impregnada de carga teórica
revolucionaria. Hay una gran diferencia entre la cháchara en un café o en una
esquina a la obra, por pequeña que sea, que va dirigida como carga
revolucionaria, como norte de aprendizaje y reflexión.
Para 1975, Ludovico Silva ya había escrito su libro Antimanual en 1980 escribió Contracultura. En esas dos
obras, de un autor venezolano, por no señalar a los foráneos; ya el fenómeno de
la alienación y de la mercancía como norte había sido estudiado y era un
aspecto patente en la sociedad el pasado siglo XX.

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