El 7 de marzo de
2006, nos reunimos para celebrar la toma
de posesión de las nuevas autoridades electas de la Universidad Nacional Abierta;
para aquella época, distante a ocho años, esto fue lo que expresamos, es
oportuno publicarlo porque en estas pocas páginas se recrea un modelo de
Universidad que sigue buscándose y que necesitamos definir:
En esta oportunidad
nos regocijamos una vez más de nuestra condición de Universidad Experimental Democrática.
Un profesorado, ahora fortalecido y robusto dada la política de convocatoria a
los concursos y a la transparencia en su realización así como al impulso brindado para la
presentación de trabajos de ascenso sin riesgo personal, ha participado en un
proceso eleccionario vigoroso, con muchos candidatos llenos de esperanzas e
ideas sobre su universidad.
Felicito con toda
sinceridad a los cuatro profesores
electos, ellos asumen hoy la dirección,
con beneplácito y humildad, ellos conocen y disponen de la fortaleza y la decisión para enfrentar el
reto que tienen por delante en
donde sólo hay trabajo por hacer,
problemas que solucionar, decisiones difíciles de tomar, que se harán llevaderas si tienen la
bendición de contar con personas capaces y conocedoras y que a la vez tengan el
ánimo de comportarse como seres humanos solidarios y confiables, Dios los
proteja.
Nada fácil lo que
se debe enfrentar, nunca lo ha sido. Pero en estos momentos, la sociedad
venezolana espera de sus universidades, eficientes respuestas, pertinentes
soluciones, mayor participación en las decisiones, hacer dialogal el proceso de
comunicación; motivo por el cual la forma de trabajo influirá definitivamente
en el alcance de los objetivos y metas.
Ya no se trata
nunca más de lograr sino de qué y cómo se
logra. Un país como el nuestro en el cual un 42 % de la población pertenece al
estrato 5 y del mismo sólo un 8 % ingresa a la universidad, no puede continuar
teniendo instituciones aisladas y
encerradas en sus propios claustros, incluso la palabra claustro pasa a ser un
anacronismo que deberíamos desterrar de nuestro vocabulario, leyes y reglamentos,
porque el trabajo académico debe probar su valor no en sus propios términos, sino
en el servicio a la nación. Especialmente una universidad como la nuestra:
nacida con verdadera vocación social, diseñada para tal fin y estratégicamente
sembrada en toda Venezuela, a través de Centros Locales, oficinas de apoyo y
centros de aplicación de pruebas.
Uno de nuestros
originarios lemas como Universidad, proponía al país que la UNA era una alternativa diferente en Educación
Superior. Una interpretación reduccionista de esta propuesta logró que se
modificara alternativa diferente por
modalidad diferente,
bajo una explicación lingüística señalaba que la expresión: -alternativa diferente- era una redundancia. En realidad para muchos de nosotros, nacidos en este sistema y
conocedores de su origen y sentido, sabíamos que no se trataba de tal cosa, sino de un
razonado pleonasmo, con el cual podíamos inspirarnos para ciertamente pensarla
diferente y hacerla diferente. En otros momentos y escenarios hemos señalado
que la búsqueda de legitimidad de una universidad como la UNA será siempre una cuestión
de actualidad puesto que las fuerzas conservadoras, el desconocimiento y la
opinión común y generalizada siempre actuarán como restricción para impedir
marcar la diferencia en esa alternativa
diferente.
Hago esta reflexión
en este momento no sólo por la importancia que tiene, sino tratando de atraer a
esta concurrencia especializada para plantear un tema que llenará nuestros
espacios a futuro. La labor académica dentro de nuestra universidad debería
marcar la pauta de nuestra diferencia y al parecer las tendencias en todas las
universidades, incluida la nuestra son más imitativas que distintivas. Por lo
tanto me pregunto, es posible lograr tener, dentro de nuestro país, distintas
maneras de concebir, realizar y evaluar el trabajo académico o debemos
continuar queriendo o fingiendo parecernos sin
lograrlo.
El criterio de peso,
mérito y calidad, respaldado por una tesis germana antigua y
obsoleta, esgrime con el poder de convicción propio de toda idea que se plantea
como superior, que el académico debe ser investigador, y para apoyar este
criterio en los ámbitos criollos se amenaza con catalogar como liceos grandes a
las universidades diferentes que no lo
respalden o que no finjan respaldarlo, ninguna lo hace.
La mayoría de los
profesores seguramente no se sienten cómodos ante esta realidad, especialmente
la masa de los mismos que a pesar de llevar a cabo labores de investigación
integración y síntesis importantes para la debida realización de su labor
docente, sin embargo no publican en revistas nacionales que han sido, con
esfuerzo y recursos, reconocidas como
arbitradas, y mucho menos en las prestigiosas revistas extranjeras, lo
cual constituye la única forma para estar de acuerdo con el rasero con el
cual se ha impuesto la medición del trabajo académico meritorio según la
posición señalada.
El efecto que este
hecho tiene sobre el cuerpo
profesoral es de desmoralización y esto
crea por lo tanto una correspondencia en
el estudiantado. Por delante tenemos un reto importante, el cual es
brindar un mejor servicio a nuestro país para lo cual necesitamos
conceptualizar la labor académica y por ende universitaria de manera que
podamos ofrecer respuestas más pertinentes a nuestras urgentes realidades tanto
de país como de nuestra universidad, internamente.
Toda institución
universitaria busca la formación de ciudadanos responsables y éticos,
profesionales creativos y críticos, desarrollar la investigación; crear un
espacio para la reflexión y preservar y fomentar la cultura.
Nuestra propia
institución está llamada a cumplir esa función, sí, pero dentro de su propia
realidad y sus propias circunstancias. Nuestro problema crucial, por encima de
todas las trabas de funcionamiento y todo lo que debemos retomar, inventar y
perfeccionar es la respuesta a una pregunta siempre presente: ¿cómo formar un
espíritu para lograr no sólo un buen profesional, sino un ciudadano, un ser
humano que habiendo internalizado que debe vivir en interdependencia, pueda
practicar que el objetivo de la vida es el bien común? Para nosotros como institución para las masas
y a distancia este es un problema que debe ser planteado una y otra vez y que
debe ser atacado cada día.
En los últimos
meses hemos revisado este tema dentro de las discusiones sobre la Misión Sucre
y nos hemos preguntado por el cómo promover en los profesores y estudiantes,
así como el resto del personal, dentro del ambiente universitario, cómo
fortalecer, recrear y fundamentar la ciudadanía. En una sociedad cada vez más
compleja, una democracia que dejó de significar sólo el derecho a votar y en
dónde la participación no sólo tiene que ser definida sino ejercida con toda
propiedad; en un mundo cultural diverso en el cual los diferentes actores
tienen un protagonismo nunca antes visto,
en un país en el cual se ha puesto sobre el tapete, entre otros, la
igualdad entre los géneros, los derechos de los pueblos indígenas, el problema
de la comunicación, el derecho a la salud, a la educación, al hábitat
digna; en una América Latina en busca de
integración y en un Mundo cada vez más interdependiente; las personas en
formación y los formadores necesitan adquirir formas y desarrollar estrategias para
tomar decisiones responsables, razonadas e inteligentes sobre la sociedad y la
comunidad en la cual se desenvuelven. Necesitan también sobre la base de un
conocimiento certero sobre su país y los problemas que éste confronta,
participar en las soluciones que a sus niveles y con sus herramientas puedan
significar un aporte en el presente y un
compromiso en el futuro.
Las maneras, formas
y estrategias cívicas no son recetas que se extraen de un manual o que se
acumulan en una asignatura. La forma científica de promoverlas es a través del
estudio integrado e interdisciplinario de las ciencias sociales y las
humanidades y el desarrollo de competencias sociales para el planteamiento de
problemas y la capacidad de integración con las comunidades cercanas a los
jóvenes, a la gente que quiere educarse.
En los países
desarrollados se plantea, en relación a estas ideas, una serie de reflexiones
que están actualmente sobre el tapete, así por ejemplo, el presidente de una
prestigiosa universidad norteamericana se preguntaba recientemente cómo
ayudaría la universidad para que las personas piensen con más claridad, sean
seres humanos más morales, encuentren una vocación satisfactoria en la vida o
adquieran valores que los ayuden a tomar decisiones inteligentes, él mismo
contestaba que la Universidad necesita prestar más atención a la calidad de la
educación que imparte en el pregrado. De la misma manera, y con mayor
pertinencia en el caso de universidades a distancia se argumenta sobre las
prioridades de las instituciones de educación a distancia y la importancia
respectiva de la enseñanza y la investigación. Se señala la diferencia entre un
modelo clásico de universidad y una
institución a distancia dedicada fundamentalmente a la enseñanza y transmisión
del conocimiento, pero comprometida también con el desarrollo cívico.
Simón Rodríguez en
su ideario afirmó que la Escuela Social, que debía ser general, ayudaba a
construir “un
común sentir de lo que conviene a todos¨
lo cual necesariamente debía
hacerse porque el no conocer o sentir, o dejar de tener un bien común o un común sentir ¨ es
una fatalidad ¨.
Afirmaba Rodríguez
que la educación social pedía de todo
mucho; un dominio de saberes que es la
única manera de fundar la
República. Expresaba que
la única forma de que el hombre fuese parte de la Sociedad Republicana
era a través de la participación social
y la crítica; “Criticar es juzgar con
rectitud ¨ expresaba Rodríguez
y tajantemente afirmo:
¨ Hagan los Directores de las Repúblicas lo que quieran;
mientras no emprendan la obra de la Educación
Social , no verán los resultados que esperan ¨
Veamos así que lo
que se trata de perfilar en un contexto
nacional que discute nuevas formas de
llevar educación superior de calidad a todos, es la necesidad de enseñar el
valor del razonamiento y la crítica para juzgar con rectitud por el bien común,
como ciudadanos de una república democrática, para de esa manera formar seres
humanos con competencias cívicas que impregnen las nuevas instituciones que el
país necesita y fundamenten la capacidad
para aprender a gobernarnos.
Lo primero que
necesitamos resolver es la forma cómo
los estudiantes se compenetren con la comunidad, para conocer y relacionarse con
los diferentes factores que soportan y contribuyen con la realización del bien
común, el civismo y la convivencia propia del sistema democrático Los
estudiantes deben comprender, de manera temprana, que el mundo es uno sólo y
que todo lo que le afecte nos afecta, de forma tal que para ello necesitamos
como instituciones, trastocar el sistema de valores imperantes en el cual el
individualismo y el bien propio ocupan el papel preponderante. La educación en
este aspecto hará énfasis en la importancia del bien para todos en lugar de
para sí mismo y en esa medida se
comenzarán a valorarse otras prioridades más importantes para el desarrollo de
la sociedad democrática. La enseñanza contribuirá a que cada individuo a la luz
de su propia experiencia y contexto personal, reconozca la realidad que
comparte como miembro de una familia, del sistema educativo, de la comunidad y
de los grupos en los cuales participa. Para ello se necesitará, entre otros
aspectos, que el esfuerzo educativo se concentre en proporcionar a los
estudiantes - en el marco de referencia de las responsabilidades cívicas - el
bien común, la solidaridad y las libertades expresadas en la Constitución y que son propias de un sistema democrático;
proporcionarles la oportunidad de construir una perspectiva personal
responsable, y a la vez académica, que
se afirma en los conceptos del respeto a la diversidad y a las diferencias, de
consideración hacia el resto de la humanidad, hacia el ambiente, hacia el
fomento de una cultura de paz.
Estos principios no
se ponen en materias de un currículo para después pedir su definición en la
evaluación. Estos principios son aprehendidos del ambiente en donde la gente se
desarrolla, proporcionan a todos el mismo norte, y pasan a ser algo interior. Creemos que este
planteamiento es un verdadero reto con el cual la institución universitaria
debe comenzar a trabajar, puesto que se necesita operar cambios en cada uno de
nosotros: no podemos dar lo que no tenemos.
Lo peculiar de este
momento histórico es que las fuentes de identidad han desaparecido y por lo
tanto esta identidad debe ser construida. Se puede formar una universidad
diferente, yo les invito a explorar esa diferencia para poner al servicio de la
sociedad todas nuestras posibilidades, especialmente en el campo que a todos
nos compete como es el de la educación. Son muchas las cosas que podemos hacer,
novedosas y distintas, y al contrario de otras instituciones, podemos
multiplicar nuestros planteamientos a través de todo el territorio nacional,
para poner en manos de estudiantes y comunidades un poder que sólo lo da el
conocimiento. Y nada de esto puede llevarse a cabo sin contar con un
profesorado convencido de su legitimidad e identidad, para lo cual debemos redefinir la docencia, la investigación y la
extensión para de esa manera reflejar con actualidad y pertinencia los deberes
académicos y cívicos de una alternativa
diferente en Educación Superior.
En una sociedad
como la nuestra con grandes carencias de educación y profundas distorsiones
sociales, debemos formar seres
humanos antes que profesionales que
deben reconocer que el poder liberador
que les brindará su título universitario no se ejerce asumiendo las formas
externas para encajar en el status quo, este poder liberador se ejerce aprendiendo que puede ser utilizado para
cambiar la realidad que les rodea. La sociedad actual demanda una actitud
de solidaridad para ejercer la responsabilidad de construir lo que nos
falta por construir, que es mucho.
De la misma forma
nosotros en la UNA
debemos continuar enfrentando las limitaciones que el contexto nacional e
internacional presenta y buscar las salidas para ofrecer a esta país una
educación de calidad y con pertinencia social, en la cual se tenga un espacio
en donde todo ciudadano pueda acceder a su formación y actualización y se rompa
así con el concepto de Universidad como privilegio de los ya privilegiados;
como elitización de las élites ya establecidas. Este ha sido nuestro compromiso
y lo continuará siendo ahora con más razón y derecho como alternativa
diferente.
Este momento podría
interpretarse como una despedida, pero no lo es. Las despedidas siempre me han
parecido tristes y no quiero entristecer a nadie. Los agradecimientos siempre
son bienvenidos, especialmente en una sociedad que se olvida de ofrecerlos.
Pensé en presentar
una lista de reconocimientos, resultó ser muy pero muy larga. Nunca escatimé
expresiones con las cuales pudiese comunicar mi profundo agradecimiento a todos
los que estuvieron con nosotros. Nunca deje de saludar con regocijo cada nuevo
día en el cual les veía trabajar, estar presentes, solucionar, ayudar a
vivir y permitir vivir, porque todo
requiere un gran trabajo una gran dedicación y una buena cantidad de amor. Los
logros se multiplican cuando reconocemos a los que luchan con
perseverancia.
Gracias a Dios por
la bendición de haber contado con personas conocedoras, generosas y solidarias,
ellas saben quiénes son. Muchas están allí sentadas, muchas otras ausentes,
otras se fueron para siempre.
A los que no fueron
ni solidarios ni colaboradores, a aquellos que decidieron en su libre albedrío
dificultar y hacer más compleja una realidad complicada, a ellos les alerto que
tratando de salir de sus laberintos y tretas
se crece, y crecí más de lo que hubiese esperado en este tiempo de mi
existencia.
Agradezco en este
momento; a todos los que han creído,
creen o están dispuestos a creer en esta nuestra Universidad, a los que están
convencidos de que sólo a través del trabajo tesonero y constante lograremos
cada vez más eficientemente activar la vocación social implícita de este
sistema y ofrecer así una solución de inclusión y equidad social con calidad y
pertinencia.
Buenas Noches y
Muchas gracias.
Maruja Romero
Yépez.

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