El viernes 11 de julio, comentaba sobre la comuna. Ese comentario me ha
quedado grabado en el cerebro. Hoy domingo 13 de julio creo que deberíamos profundizar
sobre cómo hacer el socialismo del siglo
XXI, digo, cómo ponerlo sobre la tierra, de pié; cómo hacer que se vea y se
recree.
Para atacar esa realidad que nos cubre a toda Latinoamérica necesitamos pensar
con categorías que nos hagan descubrir el hecho concreto y que a la vez nos propongan salidas. Por ello el
concepto de Contracultura creado por Ludovico Silva tiene tanta “pólvora
intelectual” Ludovico pensaba y así es que: “En los actuales momentos
toda producción artística y literaria asume el carácter de una ideología al
servicio de los intereses dominantes, no es autónoma de esos intereses, está
subsumida en ellos, es una mercancía más del sistema.”
Toda relación del
capitalismo es una relación de coloniaje incluido el bendito deporte convertido
en banderas, zapatos y dinero, es decir, mucho dinero; tal vez la más cara
mercancía sobre el planeta tierra. El deporte como mercancía hace ricos a unos
y a otros dependientes, alienados y más pobres. De esa alienación se desprende
el aspecto de dislocación individualista y antisolidaria que hoy se
deja sobre el tapete. Cómo hace el capitalismo para proceder de esa manera; es
muy fácil: todo es mercancía todo es valor de cambio, y las relaciones entre
las personas no son humanas; son
relaciones entre objetos; el capitalismo mata al sujeto porque el sujeto llora, se lamenta
tiene sentimientos y eso no se vende ni se intercambia, los sujetos son
mercancías.
Los revolucionarios
deberíamos hacer patente esta realidad, en lugar de felizmente ser parte de
ella. Por la ignorancia más que por la fuerza…. dijo Bolívar; ahora podríamos
decir que por la cultura del capital estaremos condenados a ser vasallos y
esclavos del capitalismo.
La única forma de
responder es practicando la Contracultura en todos los espacios. Ese concepto
que nos dejó Ludovico Silva nos provee de mucho poder para el análisis de la
sociedad y para construir una potente teoría social, pero casi debería decir
que nadie es profeta en su tierra.
Yo manejo un termómetro
revolucionario, la escala antes de ser de cuánta comida y agua y pavimento y
neveras y casas etc., todas cosas necesarias, es una escala de gustos y valores
y formas de actuar, de pensar y de ser. En las casas de la gente de oposición
llenas de cuantas cosas uno se imagina, el termómetro marca la adoración entre
otras cosas por Disney y por los Reyes y por los centros comerciales. Ellos tienen cómo y con
qué ir a adorar a sus dioses. En las casa de la gente pobre con poco o nada el
termómetro marca la misma adoración, pero no tienen cómo ni con qué adorar a
sus dioses, se conforman con unas bombas y trapos alusivos.
Desde hace tiempo uso
mi termómetro y determino si dónde estoy ha llegado la Revolución. Por cierto
el termómetro no se compra, no es una mercancía, está hecho de Contracultura,
la misma que utilizaba mi padre cuando decía que el arpa llanera no era la que
presentaba el Show de las Doce sino la que tocaba el Indio Figueredo ¡Tenía
razón!, pero fuimos todos presos y ahora que sabemos tanto, no sabemos nada;
eso es alienación.
La gripe que mantiene a muchos en cama puede mejorarse con remedios de
Contracultura mejor que los de la farmacia, pero hay que saber.

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.